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Diciembre 1, 2007

Palabras P. Kentenich

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Palabras del P. José Kentenich (En la primera reunión en la Capilla, el 3 de mayo de 1914. En: Bajo la protección de María. Tomo II, pág. 35ss. Hay que recordar que el mes de Mayo es en Europa, como en casi todo el mundo católico, el mes de María.) “El domingo pasado hemos contraído una íntima alianza de amigos para entusiasmarnos, apoyándonos mutuamente por el verdadero amor mariano, por el fiel servicio mariano. Lo que hemos prometido a nuestra Señora en lugar santo, lo cumpliremos como hombres de carácter, venga lo que viniere. Esperamos dificultades tanto interiores como exteriores. En otros tiempos resultaría quizá bastante duro vencerlas. Pero ahora, en el hermoso mes de mayo, estamos dispuestos para cualquier sacrificio. Todo el mundo católico se dispone para servir y ensalzar a la gloriosa Reina de mayo. Desde que el Arcángel Gabriel la ha honrado en Nazaret en nombre de Dios y la ha saludado con las palabras: ‘Dios te salve, María, llena eres de gracias…’ Desde que la humilde sierva del Señor ha pronunciado las palabras proféticas: ‘Ecce enim ex hoc me dicent omnes generationes’ (he aquí que desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones) nunca jamás han enmudecido las alabanzas a la Madre de Dios. Las distintas generaciones han contribuido conforme a sus fuerzas, para verificar el presagio de María. En tiempos recientes se hace esto especialmente por la celebración del mes de María. En noble competencia se unen en este mes miles y miles de católicos del orbe. Esta conciencia edificante nos saca de nuestro aislamiento. ¡Más aun! En este año celebramos el mes de mayo por primera vez como congregantes. Por primera vez nos sentimos trasladados al coro entusiasta de los cantores marianos más fieles. A su lado queremos y debemos participar en la competencia… siento surgir en ustedes esta pregunta angustiosa: ¿somos iguales a los congregantes estudiantiles? ¿Cómo es mi devoción a María en comparación con la de ellos?…Pedro Chanel era, como estudiante, prefecto de la Congregación Mariana en el pequeño seminario de Miximieux. Tenía la costumbre de colocar como encabezamiento en sus deberes y cuadernos, libros y cartas, la inscripción: ‘Auspice Dei Genitrice Maria’ para expresar en esta forma su amor y devoción a la bienaventurada Virgen María. Era su alegría insinuar a otros que aceptaran la misma consigna. Cierta vez, providencialmente se cortó la mano con un cuchillo. Tomó la pluma, la mojó en su sangre y escribió: ‘quiero amar a María y tratar que también otros la amen’ Aquí importa en primer lugar, no el acto aislado que realizó Chanel, sino la disposición habitual de la que estaba compenetrado. El pensamiento de María no lo abandonada durante todo el día y aprovechaba toda ocasión para servirla, para cumplir el juramento de fidelidad que hiciera al ser recibido…¡Comparemos con esta disposición y sus exteriorizaciones  prácticas, nuestro amor a María, nuestro servicio mariano! ¿Podemos competir?… no solamente con deseos y palabras – sino también en el querer y en el enérgico obrar? Si podemos contestar a esta pregunta con un SI alegrémonos, pero no olvidemos de hacerlo realmente en este mes. Pero si hemos de confesar que amamos poco a nuestra Señora Celestial, entonces sigamos la advertencia del noble amigo de la juventud, el P. Doss, que expresa: ‘Ama, ama a María; venera a María; no descanses hasta que hayas adquirido una verdadera devoción a María. ¿Tu creías ser un joven católico sin conocerla, sin estar entusiasmado por Ella, sin llevarla en el corazón y en los labios?” Esta advertencia – lo noto – despierta en sus corazones un eco alegre. Nada más indicado que seguirla en común, que hacer de Maria y de la verdadera y auténtica devoción mariana, el objeto de nuestras consideraciones”   

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