Rama Sacerdotes Diocesanos Schoenstatt Chile

Diciembre 1, 2007

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Decálogo para los sacerdotes 

1         Creer en Jesucristo como el verdadero y único Salvador de la humanidad, de los pueblos, de las personas concretas.

2       Vivir el estilo de Jesús y de los Apóstoles: justo, misericordioso, sencillo, culto, libre y generoso, amigo y hermano universal. Orar todos los días con humildad y confianza.

3       Creer en el misterio que es la Iglesia, en la necesidad que nuestro mundo tiene de ella: de su ejemplo, de su mensaje, de sus sacramentos, de su defensa del hombre, con sus necesidades y esperanzas.

4       Vivir sinceramente unido con los demás sacerdotes de su presbiterio con su Obispo, con el Papa, con la Iglesia entera. Sufrir como propios los defectos de la Iglesia, sin conformismos ni rebeldías, con responsabilidad y esperanza.

5       Centrar y justificar su vida en la tarea de hacer presente ante los hombres la asistencia de Cristo muerto y resucitado, perpetuando su voz, su perdón, su entrega, su esperanza, su humanidad ejemplar y salvadora.

6       Creer en la fuerza de la bondad y en la victoria final del bien, esperando contra toda esperanza, siguiendo en la brecha a pesar de todo, con María, la Madre de la fidelidad.

7       Vivir cerca de los sencillos, los desvalidos, los dolientes, con fraternidad y solidaridad, en el hombre y con el Espíritu de Jesús.

8       Estudiar asiduamente el Evangelio, las ciencias teológicas y las ciencias del hombre, caminar siempre, no estar nunca satisfecho de sí mismo.

9       Procurarse una madura, amplia y generosa humanidad. Interesarse por todo lo humano, abrir el corazón a las obras de Dios y de los hombres, valorándolo todo desde el sentir de Jesucristo.

10    No crisparse nunca por nada. No sentirse demasiado importante. No conformarse con el mundo que tenemos, ni pretender cambiarlo en cuatro días. Ver todas las cosas y verse a sí mismo con benevolencia y con un discreto humor.

 

Fernando Sebastián Aguilar, Obispo de Pamplona. 

Septiembre 2, 2007

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DocumentosHomilía del P. Javier Arteaga, Director Nacional del Movimiento de Schoenstatt en Argentina.“Queridos hermanos en la Alianza:

El sábado 11 de agosto fue ordenado sacerdote en la Iglesia de Dios Padre, Florencio Varela, Provincia de Buenos Aires, el diácono Tomás Dell´Oca, perteneciente a la comunidad de los Padres de Schoenstatt. Fue un día de gran alegría para todos los fieles presentes venidos de muchas ciudades de Argentina, Chile, Brasil y Paraguay. La alegría y el agradecimiento se podían sentir en el aire, porque la Iglesia tenía un nuevo sacerdote.

Pero esta noticia, que a nosotros nos llena de alegría, no salió en los grandes diarios ni en los noticieros de televisión. Tal vez por aquello de que “una buena noticia no vende” o porque no se conoce lo que es y hace un sacerdote. Algunos piensan que es un “asistente social con espíritu religioso”; otros “un resabio de la sociedad medieval”; y otros un “utópico idealista de Dios” ¿Quién es realmente un sacerdote? ¿Qué lo define? ¿Para qué vive?

Primero debemos decir que el sacerdote es un hombre que se siente profundamente hermano de los suyos y vive diariamente la realidad fraterna, compartiendo las alegrías, las penas y las esperanzas de los hombres, sus hermanos. Con ellos y por ellos vive cada día.

El sacerdote también es un hombre

§      que ha escuchado el llamado amoroso y exigente de Cristo que lo invita a seguirlo sólo y únicamente a Él; con sus luces y sus sombras, todo de Él.

§      que ha sido consagrado y configurado con Cristo para bendecir, perdonar y santificar en Su nombre;

§      y finalmente ha sido enviado por Cristo para anunciar su Reino a todos los hombres. El cardenal Eduardo Pironio decía que un sacerdote es un hombre que se ha sentido profundamente amado por Cristo, con un amor único e irrepetible.

Sacerdote es el hombre que ha tenido un encuentro personal con Cristo, que ha quedado tan dulcemente herido por su amor, que ya nunca querrá dejarlo. Más aún, ya nunca podrá dejar de nombrarlo, porque de lo que está lleno el corazón habla la boca. 

§      Porque ha fundado su vida en Cristo necesita dialogar con Él en la oración y alimentarse de la Eucaristía.

§      Como decía Juan Pablo II a los sacerdotes: ‘Si han encontrado a Cristo, vivan a Cristo, vivan con Cristo y anúncielo en primera persona: ‘para mí la vida es Cristo’ (Fil. 1, 21)

El sacerdote es maestro y profeta, llamado a anunciar y a vivir el Reino de Dios en medio de un mundo que muchas veces ignora y rechaza a Dios.

§      Esta llamado a proclamar la verdad de Cristo a tiempo y destiempo, porque no puede callar aquello que ha visto y escuchado. Dios.

§      El sacerdote es testigo fiel y elocuente de lo que para el mundo es incomprensible. Según la escritora Simon Weil: ‘El sacerdote católico es comprensible sólo si hay en él Algo incomprensible’. Dios.

§      Sacerdote valiente y consecuente, capaz de soñar y construir cada día la Patria Nueva, encarnando la solidaridad, la justicia, la verdad y la paz en las palabras y en los hechos para que se cumpla la voluntad del Señor, ‘aquí en la tierra como en el Cielo’.

Y finalmente el sacerdote es, esencialmente, un padre. Como todo hombre el sacerdote está llamado a ser padre. El ideal sacerdotal que vivió y nos enseñó el P. José Kentenich se sintetiza en la palabra ‘Padre’. 

§      El sacerdote está llamado a manifestar a los hombres el inmenso amor de Dios, que es Padre, siendo él mismo un padre que da vida en Cristo, que cuida la vida y que sirve desinteresadamente a la vida

§      Está llamado a ser imagen del Padre Dios, el Padre de Misericordia, como se nos ha manifestado plenamente en Cristo Jesús. 

§      Como padre esta llamado a unir y reunir, a gestar vínculos fraternos entre los suyos y a forjar Iglesia, familia de Dios, en cada lugar que esté.

§      El sacerdote entrega diariamente su vida en la ofrenda Eucarística del altar y de la vida diaria. Su vida unida a Cristo se ha transformado en oración y ofrenda de amor, en Pan partido y compartido en el dolor de la cruz ‘para que muchos tengan vida, y Vida en abundancia’. 

El Señor nos decía el domingo pasado en su Evangelio ‘allí donde está tu tesoro estará tu corazón’:

§      ¿Cuál es el tesoro del sacerdote? ¿Qué bien tiene para compartir? El Bien de Cristo. ‘El bien que tenemos para proponer a los hermanos se expresa siempre en la exhortación: ¡Recibe a Cristo y Sigue a Cristo! No tenemos otro bien; pero nadie tiene un bien mayor para ofrecer’, decía el Papa Juan Pablo II a los sacerdotes. Un Bien, un Tesoro, que llevamos en nuestras pobres vasijas de barro.

§      ¿Cuál es la fortaleza del sacerdote? ¿Qué lo anima cada día, toda la vida? Transcribo un párrafo de una carta de un sacerdote que me llegó en estos días:

‘Lo que me da fuerzas, confianza, serenidad, es saber que no voy solo; Dios está conmigo, mi comunidad de sacerdotes está conmigo; voy enviado para una misión y la Mater me necesita

§      ¿Cuál es el secreto del sacerdote? ?El amor de María, la Alianza de Amor con la Mater. Ella es la Madre tierna y fiel que nos da vida en Cristo; es la Maestra que nos enseña a amar a Cristo y a los hermanos; y es la Reina que vence en todas las batallas y guía nuestras vidas hacia Cristo. Somos sacerdotes, total posesión de Cristo y de María al servicio de nuestros hermanos.

Queridos hermanos, en este próximo 18 de agosto agradezcamos vivamente al Señor y a nuestra Madre por el P. Tommy y por todos los sacerdotes. Pidamos por la fecundidad de sus vidas sacerdotales y que nos regale muchas y santas vocaciones, para gloria de Dios y para el bien de toda su Iglesia.

 Desde el Santuario de nuestra Madre y Reina reciban mi bendición,

 P. Javier Arteaga

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