Rama Sacerdotes Diocesanos Schoenstatt Chile

Diciembre 1, 2007

Editorial

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Rama SACERDOTES DIOCESANOS de SCHOENSTATT –  Chile

 Noviembre de 2007 Muy queridos hermanos  Estamos terminando en Chile el Mes de María, mes de entrega exigente para expresar nosotros mismo de una manera intensificada nuestro amor filial a la Virgen María y para acompañar a nuestras comunidades en las celebraciones propias del mes (Rosario de la aurora, etc.). Por eso el texto del P. Kentenich sobre el mes de María les pueda ayudar en lo que resta, hasta su culminación el día de la Inmaculada. Por otro lado, noviembre no sólo comenzó con la celebración de todos los santos (1°) y todos los difuntos (el dos), sino que nos sorprendió con la inesperada muerte de nuestro hermano el querido P. Juan Carlos Soto (Concepción). Sobre ello les comparto la siguiente reflexión, que probablemente algunos ya recibieron y de la que muchos se han hecho eco. Muerte del P. Juan Carlos Soto H., Concepción, Mes de María de 2007          Conocí al P. Juan Carlos en los encuentros sacerdotales que teníamos en Montahue, ya sea en las Eucaristías en el Santuario, como en las reuniones y almuerzos en la casa de los padres al frente. Un par de años viajamos juntos en tren a las jornadas para sacerdotes diocesanos vinculados a Schoenstatt en Bellavista, en las que él con tanto ánimo participó. Finalmente, colaboró activamente en Misión País en los últimos veranos, instancia en que era muy valorado por su aporte y compromiso. Igualmente las veces que me reemplazó en algunas Misas de Mes de María o de domingo por la tarde en la Catedral de Concepción. Pero lo más importante fueron los diálogos personales con él en variadas ocasiones…Ciertamente el fallecimiento de este querido hermano sacerdote nos ha impactado a todos, por el mismo hecho y por su forma.Creo que el asunto hay que abordarlo en muchas instancias y desde distintas perspectivas. Entre ellas soy partidario de revisar desde la selección de los candidatos al sacerdocio, su formación en el seminario, pero sobre todo su acompañamiento posterior y, cuando sea el caso, su tratamiento. En su homilía en el funeral, Mons Ricardo Ezzati, advirtió, con mucha fuerza, que no se puede caer en el juicio fácil. No nos corresponde y sería irresponsable hacerlo. Pero también invitó a los presbíteros a una reflexión más seria sobre algunos aspectos de nuestra vida sacerdotal. Es así como quiero compartir algunas de las mías, primero por el aprecio que le tuve en vida al P. Juan Carlos, y por la década y algo más, de mi servicio pastoral en esa Iglesia Particular de Concepción, tanto en la conducción del Departamento de Pastoral Universitaria, como en otros momentos de la vida de la Iglesia penquista (particularmente el Año de la Inmaculada Concepción y el Año de la Eucaristía)Una primera reflexión tiene que ver con la necesidad de comunidad que todos tenemos. Nadie, tampoco el sacerdote, fue hecho para la soledad. Todo ser humano es, por esencia, social. Pero que hay un grave peligro de aislarse, de encerrarse, etc. no se puede negar. De ahí la importancia cada vez mayor no sólo de asistir a los encuentros de presbiterio de carácter más bien oficial (reunión mensual; reunión de decanato; retiro y paseo anual, etc.) sino de participar en aquellos que son de absoluta gratuidad. En esos ambientes comunitarios nos sentimos acogidos, pertenecientes (se dice que uno de los grandes paradigmas de la época que vivimos es justamente el de la pertenencia), contenidos, comprendidos, complementados, y también, necesaria y fraternalmente corregidos. El llamado del arzobispo de Concepción a la amistad sacerdotal no podemos desatenderlo. ¿Quiénes son mis amigos, dentro de mis hermanos sacerdotes? Los amigos se eligen, no así los hermanos. Pero las amistades hay que cultivarlas y cuidarlas. Un segundo elemento de la reflexión que puede invitar a la revisión de vida, junto al anterior y casi a partir de este, es la caridad sacerdotal, que se debe expresar en la preocupación por el hermano sacerdote; por todo hermano sacerdote, especialmente cuando lo percibimos en dificultad (enfermedad, soledad, necesidad de cualquier tipo, etc). Creo que la actitud de buen samaritano no debemos solo practicarla frente al laico, sino que deben partir por casa.Recuerdo en este momento las palabras iluminadoras del Santo Padre, Benedicto XVI sobre el amor al prójimo:“Mi prójimo es cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar…(DCE, 15)Es propio de la madurez del amor que abarque todas las potencialidades del hombre e incluya, por así decir, al hombre en su integridad op.cit., 17) en Dios y con Dios, amo también a la persona que no me agrada o ni siquiera conozco…aprendo a mirar a esta otra persona no ya sólo con mis ojos y sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo. Su amigo es mi amigo. Más allá de la apariencia exterior del otro descubro su anhelo interior de un gesto de amor, de atención,…Al verlo con los ojos de Cristo, puedo dar al otro mucho más que cosas externas necesarias: puedo ofrecerle la mirada de amor que él necesita…si en mi vida omito del todo la atención al otro, queriendo ser sólo ‘piadoso’ y cumplir con mis ‘deberes religiosos’, se marchita también la relación con Dios. Será únicamente una relación ‘correcta’, pero sin amor. Sólo mi disponibilidad para ayudar al prójimo, para manifestarle amor, me hace sensible también ante Dios. Sólo el servicio al prójimo abre mis ojos a lo que Dios hace por mí y a lo mucho que me ama op. cit., 18)”No podemos conformarnos con la respuesta de Caín: ‘yo de mi hermano no sé’. ¿Cuánto supimos de lo que le pasaba y por lo que pasaba nuestro hermano difunto? ¿Cuánto nos preocupamos por él, rezamos por él, ofrecimos por él, hicimos por él,…?)De ahí nace igualmente la urgencia del profundo y verdadero respeto por el otro, por su forma de ser y actuar, muchas veces distinta a la propia (¡ y que bien nos hace la unidad en la diversidad; no a pesar de estar! ‘Integración orgánica de las legítimas diversidades’ según la NMI, 46). Eso debe llevarnos a valorar lo positivo que hay en el hermano, como decía el Papa Juan Pablo II, cuando hablaba de la ‘espiritualidad de la comunión, en esa maravillosa Carta Apostólica al concluir el gran jubileo del año 2000 y que se transformó en una agenda pastoral para la Iglesia en los inicios del Tercer Milenio. Proponía ahí: “sentir al hermano… como ‘uno que me pertenece’, para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad… ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un ‘don para mí’…saber ‘dar espacio’ al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos asechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias” NMI, 43) . ¡Y es tanto lo bueno que hay en el otro! Y mucho más que lo negativo, que también existe, pero que a veces lo resaltamos más. Basta, por eso,  de envidias y celos inútiles entre nosotros. Y si hay crítica, que sea constructiva, hecha con responsabilidad y caridad, y con previa autocrítica también (la viga en el ojo propio es normalmente más grande que la pelusa en el ajeno). La advertencia de la lección de San Agustín frente al pelambre debemos tomarla muy en serio.Se trata en definitiva de la amistad, la unidad y la solidaridad entre los presbíteros, pues todo ello contribuye a su santidad.Ahora que vivo y ayudo los domingos en la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores, en Santiago, le pido a Ella, la Mater Dolorosa, con quien el P. Juan Carlos quiso haber sellado su alianza de amor en el Santuario, que se la acepte en la eternidad, enjugue nuestras lágrimas y las hagan regar el a veces árido terreno de nuestra vida y entrega. En este contexto quisiera mencionar un aporte que me mandó recién desde Concepción el P. Humberto Anwandter: “la importancia de una sana vinculación personal, filial y cálida a la persona de María, especialmente para nosotros los sacerdotes, quienes somos los primeros que se saben y deberían también sentirse representados en la persona de Juan al pie de la Cruz, cuando Jesús le dice: “He ahí a tu Madre!”. Como él, necesitamos llevarla a “nuestra casa”, entendida en su plenitud, como lo comentaba Juan Pablo II: en nuestro corazón, en nuestra vida y actividad sacerdotal. Como afirmaba nuestro Padre (Kentenich): “Ella es la balanza que mantiene en equilibrio el mundo!”, también el “mundo de nuestros afectos”. “Ella nos ordena el corazón (nuestros amores)”. El Mes de María es una invitación también como sacerdotes a renovar nuestro amor y entrega filial-sacerdotal a María, Madre y Educadora de sus hijos sacerdotes”.  Termino invitándolos a todos a una reflexión personal sobre nuestro amor a la Ssma. Virgen y sobre la / nuestra vida a la luz de la realidad de la muerte, y que ojala la podamos compartir en nuestros grupos y comunidades sacerdotales y a través de este medio con los demás hermanos de la Rama de Sacerdotes Diocesanos de Schoenstatt. Finalmente les adjunto el programa de nuestra jornada de enero, para que anoten en sus agendas la fecha y puedan ir preparándose para participar. Como ven, el tema da para invitar también a otros hermanos sacerdotes y seminaristas a quienes les pueda servir. Deseándoles abundantes bendiciones para este adviento mariano ‘07  P. José Luis     Asesor  

Noviembre 6, 2007

Editorial

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 Octubre 2007 Muy queridos hermanos  Este mes de octubre celebramos un aniversario más de nuestro Movimiento (18 de octubre de 1914 = Acta de Fundación; Alianza primera; Santuario; etc). A todos estos acontecimientos y elementos fundantes debemos remontarnos no sólo para recordarlos, sino para renovarnos en las fuerzas que nos originaron. Todo reino se mantiene en la medida que permanece fiel a las fuerzas que le dieron origen, repetía una que otra vez el P. Kentenich. Durante octubre del ’07 han ocurrido un par de hechos que no podemos dejar pasar sin sopesar. En primer lugar se realizó la 1ª Asamblea Eclesial. No es casualidad que esto haya ocurrido en Bellavista, junto al Santuario de la Mater que bendijo el P. Kentenich en 1949. ‘A la sombra de este Santuario se codecidirán esencialmente los destinos de la Iglesia y del mundo’, dijo el padre fundador ya a fines de la década del ’20. ¿Acaso no se aplica esa visión profética nuevamente a este momento de gracia para la Iglesia chilena? Por eso el texto elegido para la sección ‘palabras del P. José Kentenich’. Un segundo hito, verdaderamente, es la participación de             sacerdotes diocesanos, miembros de la Rama, en la Jornada Nacional de Dirigentes del Movimiento (20-21 de octubre), también realizada en Bellavista. Es primera vez que asisten tantos a una tal jornada, cosa muy importante tanto para los que pudieron asistir, por lo que vivieron, recibieron y entregaron, como también para la toma de conciencia del Movimiento en general de la existencia, vitalidad y desarrollo de la rama y sus implicancias para Schoenstatt a nivel diocesano y parroquial. P. José Luis     Asesor

Octubre 2, 2007

EDITORIAL

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Septiembre 2007 Muy queridos hermanos  Terminado el mes de la patria en Chile, después de importantes celebraciones ocurridas durante el mismo, les envío este nuevo número de nuestro boletín. Digo que pasaron muchas cosas que trascenderán en el tiempo, entre ellas destaco un par: -        La homilía del Cardenal Fco. Javier Errázuriz O., arzobispo de Santiago, que adjunto, sobre todo con su propuesta por un ‘pacto social’ a nivel nacional. -        El centenario del natalicio del Cardenal Raúl Silva Henríquez, que tanto hizo por el P. Kentenich, particularmente por el fin de su exilio y su restablecimiento en sus trabajos en Schoenstatt. Don Raúl estuvo presente en las celebraciones de los 80 años del P. Kentenich, en Roma,  y 20 años más tarde al celebrarse el Jubileo del Centenario de su nacimiento que se celebró en septiembre del ’85 en Schoenstatt mismo. A nivel interno me parece importante destacar lo ocurrido en San Felipe y Los Ángeles, particularmente esta vez, como lo relato en la sección ‘Crónica del Asesor’, que en gran parte recoge y comparte la vida de la misma Rama. En ella me  impacta constatar el funcionamiento de los diversos grupos, las reuniones, el compromiso de tantos sacerdotes con Schoenstatt, su identificación y aprovechamiento de su espiritualidad y pedagogía, etc. También quisiera resaltar, valorar y agradecer el esfuerzo de los matrimonios del Movimiento en Talca, que por segundo año invitaron a los sacerdotes de esa ciudad a una cena hermosa. Ahora en octubre, como lo podrán ver en la parte ‘Agenda de octubre’, viene la cena de Puerto Montt, en su versión 8ª o 9ª creo, y que es la que ha motivado la buena imitación. Destaco asimismo los retiros ocurridos en Bellavista, que dan cuenta de un crecimiento no tan solo numérico, sino cualitativo muy  importante y que complementa las jornadas de inicio de año (enero). A propósito les quiero compartir que la Misa de inicio de la Jornada de enero del 2008 la presidirá el Nuncio Apostólico, Mons. Aldo Cavalli, quien accedió gustoso a la invitación que le extendimos. Les sugiero a todos que desde ya se anoten en sus agendas esa fecha. La jornada es del lunes 21 a viernes 25 en Casa San José (Bellavista). Adjunto también las palabras del P. Ángel Strada, postulador de la causa de beatificación del P. Kentenich, en la iglesia de la Santísima Trinidad, en el Monte Schoenstatt, el pasado 15 de septiembre de 2007, con ocasión del 39. aniversario de la muerte del Padre Fundador. Les deseo a todos un mes de octubre muy bendecido, mes que recuerda el acontecimiento fundacional de nuestra familia espiritual. Recordándolos en la oración y esperando verlos a varios pronto, particularmente a quienes podrán representar a sus grupos en la Jornada Nacional de Dirigentes del Movimiento el 20 y 21 del presente,   P. José Luis     Asesor  p.jlcorrealira@gmail.com9 – 445 30 96

Septiembre 3, 2007

Editorial

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    Editorial 

Queridos hermanos sacerdotes

Ya ‘pasamos agosto’, pero sin temor ni angustia, sino habiéndolo celebrado correctamente, como Dios manda y nos lo posibilita. Para ello el calendario litúrgico nos regaló justo a mitad de mes la celebración de la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo y una semana más tarde la fiesta de la coronación de la Mater. Como reza el P. Kentenich en las meditaciones  para esos misterios del santo rosario: “Madre, así como pasaste con el Señor por la vida, con El viviste, amaste y sufriste, ahora, una vez terminado el curso de la existencia, te asume El con cuerpo y alma al cielo”. “Como Soberana se te concede reinar en el cielo; radiante de dicha habitas junto a la Santísima Trinidad y con tu Hijo gobiernas este mundo, del cual El te ha constituido Madre.” (Hacia el Padre, estrofas 354-355).

Además, como lo anticipamos en el número anterior, también pudimos celebrar a dos de nuestro héroes de Schoenstatt. En concreto nuestros dos mártires: El beato P. Carlos María Leisner, sacerdote de una sola Misa, apasionado por Cristo; y del P. Francisco Reinisch, decapitado por oponerse al régimen dictatorial de Hitler, mártir de la conciencia (de la fidelidad a su ideal personal)

Esta vez la crónica está bastante llenita, y eso por la vida que Dios va suscitando en las distintas diócesis y en los grupos y personas. Es un gran don del Señor que tenemos que agradecer, cuidar y cultivar.

Ahora nos adentramos en Septiembre, que como cada año en Schoenstatt nos recuerda la pascua de nuestro padre fundador. El 15 se cumplen 39 años de su retorno a la casa del buen Padre Dios.

Finalmente los invito a que recemos por la fecundidad de los retiros y reuniones anunciadas en la agenda y especialmente por una reunión que se realizará en Schoenstatt mismo (Alemania) en la que participan representantes de las 4 comunidades sacerdotales del Movimiento (las tres diocesanas, a saber: el Instituto Secular de Sacerdotes Diocesanos de Schoenstatt; la Federación de Sacerdotes Diocesanos de Schoenstatt y la Rama, o Liga, de Sacerdotes Diocesanos de Schoenstatt; y el Instituto Secular de los Padres de Schoenstatt). Uno de los temas que abordarán será el de la propuesta hecha desde acá para la celebración de los 100 años de la ordenación sacerdotal y la primera Misa del P. Kentenich (1910 – 2010), para lo que desde ya nos estamos preparando.

Sin más y deseándoles abundantes bendiciones 

P. José Luis

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