Palabras del P. José Kentenich (En la primera reunión en la Capilla, el 3 de mayo de 1914. En: Bajo la protección de María. Tomo II, pág. 35ss. Hay que recordar que el mes de Mayo es en Europa, como en casi todo el mundo católico, el mes de María.) “El domingo pasado hemos contraído una íntima alianza de amigos para entusiasmarnos, apoyándonos mutuamente por el verdadero amor mariano, por el fiel servicio mariano. Lo que hemos prometido a nuestra Señora en lugar santo, lo cumpliremos como hombres de carácter, venga lo que viniere. Esperamos dificultades tanto interiores como exteriores. En otros tiempos resultaría quizá bastante duro vencerlas. Pero ahora, en el hermoso mes de mayo, estamos dispuestos para cualquier sacrificio. Todo el mundo católico se dispone para servir y ensalzar a la gloriosa Reina de mayo. Desde que el Arcángel Gabriel la ha honrado en Nazaret en nombre de Dios y la ha saludado con las palabras: ‘Dios te salve, María, llena eres de gracias…’ Desde que la humilde sierva del Señor ha pronunciado las palabras proféticas: ‘Ecce enim ex hoc me dicent omnes generationes’ (he aquí que desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones) nunca jamás han enmudecido las alabanzas a la Madre de Dios. Las distintas generaciones han contribuido conforme a sus fuerzas, para verificar el presagio de María. En tiempos recientes se hace esto especialmente por la celebración del mes de María. En noble competencia se unen en este mes miles y miles de católicos del orbe. Esta conciencia edificante nos saca de nuestro aislamiento. ¡Más aun! En este año celebramos el mes de mayo por primera vez como congregantes. Por primera vez nos sentimos trasladados al coro entusiasta de los cantores marianos más fieles. A su lado queremos y debemos participar en la competencia… siento surgir en ustedes esta pregunta angustiosa: ¿somos iguales a los congregantes estudiantiles? ¿Cómo es mi devoción a María en comparación con la de ellos?…Pedro Chanel era, como estudiante, prefecto de la Congregación Mariana en el pequeño seminario de Miximieux. Tenía la costumbre de colocar como encabezamiento en sus deberes y cuadernos, libros y cartas, la inscripción: ‘Auspice Dei Genitrice Maria’ para expresar en esta forma su amor y devoción a la bienaventurada Virgen María. Era su alegría insinuar a otros que aceptaran la misma consigna. Cierta vez, providencialmente se cortó la mano con un cuchillo. Tomó la pluma, la mojó en su sangre y escribió: ‘quiero amar a María y tratar que también otros la amen’ Aquí importa en primer lugar, no el acto aislado que realizó Chanel, sino la disposición habitual de la que estaba compenetrado. El pensamiento de María no lo abandonada durante todo el día y aprovechaba toda ocasión para servirla, para cumplir el juramento de fidelidad que hiciera al ser recibido…¡Comparemos con esta disposición y sus exteriorizaciones prácticas, nuestro amor a María, nuestro servicio mariano! ¿Podemos competir?… no solamente con deseos y palabras – sino también en el querer y en el enérgico obrar? Si podemos contestar a esta pregunta con un SI alegrémonos, pero no olvidemos de hacerlo realmente en este mes. Pero si hemos de confesar que amamos poco a nuestra Señora Celestial, entonces sigamos la advertencia del noble amigo de la juventud, el P. Doss, que expresa: ‘Ama, ama a María; venera a María; no descanses hasta que hayas adquirido una verdadera devoción a María. ¿Tu creías ser un joven católico sin conocerla, sin estar entusiasmado por Ella, sin llevarla en el corazón y en los labios?” Esta advertencia – lo noto – despierta en sus corazones un eco alegre. Nada más indicado que seguirla en común, que hacer de Maria y de la verdadera y auténtica devoción mariana, el objeto de nuestras consideraciones”
Diciembre 1, 2007
Palabras P. Kentenich
Noviembre 6, 2007
Palabras P. Kentenich
(De la plática del 31 de mayo de 1949, en: Documentos de Schoenstatt): “12. Hace poco señalaba la gran tarea que tenemos aquí en Chile como pequeña Familia. Sin embargo, el motivo que nos reúne hoy en esta tarde, indica que el Padre Dios nos ha confiado una gran tarea para todo el mundo, especialmente para Europa, para el Occidente. ¿De qué tarea se trata? Se trata de desenmascarar y sanar radicalmente el germen de la enfermedad que aqueja al alma occidental: el pensar mecanicista. 13 Tengo bastantes razones para suponer que Dios ha impuesto en este sentido una carga pesada a nuestra Familia. La ley de la puerta abierta me persuade de ello. Quien tiene una misión, debe serle fiel y cumplirla. 14. ¡Desvalimiento! Si recuerdo cómo todo ha ido creciendo: todo es un regalo extraordinariamente grande que el Padre Dios me ha dado: la mentalidad orgánica opuesta a la manera de pensar mecanicista. Esta fue la lucha personal de mi juventud. Esta fue la lucha personal de mi juventud. En ella pude vencer aquello que hoy conmueve a Occidente hasta en sus raíces más profundas. Dios me dio inteligencia clara. Por eso tuve que pasar durante años por pruebas de fe. Lo que guardó mi fe durante esos años fue un amor profundo y sencillo a María. El amor a María regala siempre de por sí esta manera de pensar orgánica. Las luchas terminaron cuando fui ordenado sacerdote y pude proyectar, formar y modelar en otros, el mundo que llevaba en mi interior. El constante especular encontró un saneamiento en la vida cotidiana. Este es además el motivo por qué conozco tan bien el alma moderna, aquello que causa tanto mal en Occidente. ¿A quién debo agradecer todo esto? Viene de arriba. Sin duda de la Sma. Virgen. Ella es el gran regalo. De este modo pude, además de la enfermedad, experimentar también en mi propia persona, y muy abundantemente, la medicina… 16. La misión tan manifiesta de Schoenstatt para el Occidente, especialmente para nuestra patria, frente al colectivismo que avanza poderosamente y que destruye todo, se encuentra frente a un muro que sólo puede ser abierto si se aleja y vence el mencionado bacilo…”
Octubre 2, 2007
Palabras del P. José Kentenich
Palabras del P. José KentenichDel Acta de Fundación de Schoenstatt (18 de octubre de 1914) “Mi exigencia se refiere a algo incomparablemente superior: cada uno de nosotros ha de alcanzar el mayor grado posible de perfección y santidad, según su estado. No simplemente lo grande, ni algo más grande, sino precisamente lo más excelso ha de ser el objeto de nuestros esfuerzos intensificados. Ustedes comprenderán que me atrevo a formular una exigencia tan extraordinaria sólo en forma de un modesto deseo. Pero si ustedes quieren saber el origen de este anhelo, me parece que puedo manifestarles una secreta idea predilecta.San Pedro, después de haber contemplado la gloria de Dios en el Tabor, exclamó arrebatado: “¡Qué bien estamos aquí! ¡Hagamos aquí tres tiendas!”. Una y otra vez vienen a mi mente estas palabras y me he preguntado ya muy a menudo: ¿Acaso no sería posible que la Capillita de nuestra Congregación al mismo tiempo llegue a ser nuestro Tabor, donde se manifieste la gloria de María? Sin duda alguna no podríamos realizar una acción apostólica más grande, ni dejar a nuestros sucesores una herencia más preciosa que inducir a nuestra Señora y Soberana a que erija aquí su trono de manera especial, que reparta sus tesoros y obre milagros de gracia. Sospecharán lo que pretendo: quisiera convertir este lugar en un lugar de peregrinación, en un lugar de gracia, para nuestra casa y toda la Provincia alemana y quizás más allá. Todos los que acudan acá para orar deben experimentar la gloria de María y confesar: ¡Qué bien estamos aquí! ¡Establezcamos aquí nuestra tienda! ¡Este es nuestro rincón predilecto! Un pensamiento audaz, casi demasiado audaz para el público, pero no demasiado audaz para ustedes. ¡Cuántas veces en la historia del mundo ha sido lo pequeño e insignificante el origen de lo grande, de lo más grande! ¿Por qué no podría suceder también lo mismo con nosotros? Quien conoce el pasado de nuestra Congregación no tendrá dificultades en creer que la Divina Providencia tiene designios especiales respecto a ella.Al decir esto, mis queridos congregantes, siento que mis palabras encuentran eco. ¡Ya están ardiendo sus corazones! Ustedes han hecho suyo mi proyecto: lo pongo tranquilamente en sus manos, lo mismo que su ejecución, y no tengo reparo en escribirlo en nuestra crónica. ¡Que las generaciones venideras nos juzguen! ¿Alcanzaremos el fin que nos hemos propuesto? En cuanto depende de nosotros, mis queridos congregantes, – y esto no lo digo vacilando y dudando, sino con plena convicción -, todos nosotros haremos todo lo posible. Tal como para nuestro segundo patrono, san Luis Gonzaga, una capilla de la Sma. Virgen en Florencia fue el origen de su santidad, así también esta capilla de nuestra Congregación será para nosotros cuna de santidad. Y esta santidad hará suave violencia a nuestra Madre Celestial y la hará descender hasta nosotros…Se me figura que nuestra Señora, en estos momentos, en la antigua capilla de san Miguel nos dirige estas palabras por boca del santo Arcángel:No se preocupen por la realización de su deseo. Ego diligentes me diligo. Amo a los que aman. Pruébenme primero por hechos que me aman realmente y que toman en serio su propósito. Ahora tiene para ello la mejor oportunidad. Según el plan de la Divina Providencia, debe ser la gran guerra europea, un medio extraordinariamente provechoso para ustedes en la obra de su propia santificación. Es esta santificación la que exijo de ustedes. Ella es la coraza que tienen que ponerse, la espada con que deben librar a su patria de sus enemigos extraordinariamente poderosos y ponerla a la cabeza del viejo mundo.”
Septiembre 2, 2007
Palabras del P. Kentenich
Palabras del P. Kentenich “Las visitas personales profundizan lo escuchado y ayudan a vivir una vida sólida de acuerdo a nuestro estilo…En los comienzos de la Familia ayudé a nuestros sacerdotes visitándolos y alentándolos. De manera similar lo hace también ahora A. (P. Anton Engel) con sus jóvenes sacerdotes y R (P. Rudolf Klein-Arkenau) con sus seguidores”(Carta de Año Nuevo de 1942)